sábado 12 de noviembre de 2011

Realista y optimista





Hoy encontré esta comparación en el sitio de Facebook This is it, un espacio que últimamente me inspira muchísimo porque tiene cosas geniales, especialmente las comparaciones de fotos con dibujos animados, por ejemplo. También frases muy acertadas y que no había visto antes. Hay mucho de alta moda, editoriales difíciles de encontrar, un buen archivo de fotos de todo tipo, mucho diseño... Se los recomiendo.

Volviendo a la comparación entre los dos corazones y las palabras realista y optimista, siempre me pregunté por qué se tiende a confrontar y a volver antónimos a estas dos palabras o conceptos, cuando en realidad son perfectamente compatibles. Ser o intentar ser ambas cosas está muy bueno; qué lindo. Y qué oscuro y perfeccionista se suele interpretar al ser humano realista, como si no fuera un ser humano, como si el adjetivo fuera sólo para serios, para cráneos, para gente sin sangre corriendo por las venas, para calculadores y obtusos. Y, a la inversa, la percepción de optimista: colorido, simple, con plasticidad, aniñado, personas que no son enrolladas, que confían en lo intangible aunque los números no cierren, incluso algo tontulas, sin los pies en la tierra, voladas, poco previsibles, demasiado relajas, negadoras de lo que pasa...

Una parte interesante de este ejemplo, además, es que si bien son adjetivos que califican a los dibujos en cuestión (o que pueden hacer imaginar a la figura de un científico en el primer caso y de un humanista en el segundo, por ejemplo), estas dos palabras solas también pueden funcionar como sustantivos.

Ayer, justamente, la realidad me puso en mi sitio, como diría Federico. Tuve de un médico una respuesta optimista (como el corazón de la imagen) frente a inquietudes realistas mías, que soy humanista. Es decir, las figuras invertidas, aunque de acuerdo al fin. Pienso que, quizás, este médico es, pese a su disimulada necesidad de certezas y exactitudes, un humanista y yo, tan llena de fe y pajaritos de mil colores, una aspirante a laboratorio de matemática cuántica.

De lo que no tengo dudas es de que mi lengua me enamora cada vez más con su capacidad de adaptación y de relatividad, de sorprenderme cuando lo que ando buscando son pistas, entre otros recursos, para interpretar (de forma positiva y realista) lo que anda pasando en la vida.


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