martes 8 de noviembre de 2011

Muertos


"Un amigo te ayuda a esconder el cadáver. Un verdadero amigo te ayuda deshacerte de los testigos".

Encontré esta cita genial en una cuenta de Twitter y, al margen de que adoro los policiales, al leerla pensé en cuando uno tiene "muertos" y qué bueno es tener gente piola al lado para sobrellevarlos de la mejor manera.

Muertos en el trabajo, muertos en una fiesta, muertos en un viaje, muertos en un conflicto... Desconozco si, como en Argentina, se usará esta expresión en otros países o lugares para referirse a problemas, pero a esos problemas que no son tan graves sino más bien pesados, infumables, que dan fiaca de remontar, complicados al vicio, que te retrasan, que te aburren, que no te desafían a buscar una solución porque la solución que tienen es tan pava como ellos. Problemas que traban los verdaderos problemas e interrumpen el fluir de la creatividad, que paralizan la vida.

Ejemplos cotidianos de este tipo de muertos: hacer trámites vencidos, hacer trámites de otros, hacer trámites de un amigo de un amigo porque "vivís cerca del lugar del trámite", cerrar un presupuesto de un trabajo que quedó abierto por una persona que ya no forma parte de la empresa, armar una propuesta sabiendo que es imposible que el proyecto salga, tener que invitar a tu cumpleaños al novio/marido/amante insoportable de una buena amiga, ir a un evento un sábado por obligación laboral, ir al correo, hacer cola kilométrica en el supermercado un sábado a las doce del mediodía y tener que volver a cocinar, cocinar para alimentar a otros cuando estás agotada y esos otros te dan igual...

Muertos que, ante todo, están bien vivos para molestarte como una mosca verde. Gorda y pesada.

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