lunes 5 de marzo de 2012

El amor


1 Corintios 13:4-8

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

     4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
    5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
    6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
    7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
    8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Pasaje de la Biblia.

Etiquetas: ,

martes 21 de febrero de 2012

Impensables


En los '90 hubo dos boliches (lugares para ir a bailar) de moda en Tucumán que se llamaban Monóxido uno y Metástasis el otro. Son tal vez los lugares más recordados por los veinteañeros de aquellos años: eran lo má divertido y exclusivo.

Tremendos e impensables estos nombres en especial para boliches. Quizás más hoy, con el antecedente de la tragedia de Cromañón en donde 194 jóvenes murieron al incendiarse el lugar durante un concierto y la mayoría murió por inhalar monóxido de carbono... Fue en 2004 y a partir de ese horror, la exigencia en materia de seguridad en todo lugar público que convoque gente se hizo más rigurosa en Argentina. Además de que este desastre se recuerda constantemente por todos.

Y pienso en metástasis como nombre. Automáticamente se me figura un cáncer terminal, una ramificación de la muerte, un cuerpo que lo último que puede hacer es saltar o bailar.

Desde hace semanas que medito sobre este post y busco pistas, como fotos de los lugares o explicaciones de por qué aquellos nombres que parecen broma, pero que al parecer no escandalizaban a padres o llamaban la atención como ahora a mí y a todo aquel que se lo comento y lo hago hacer memoria(hice sondeos). Lo único que pude encontrar, de forma bastante informal, son opiniones del tipo "es que son palabras que suenan bien" o "son palabras fuertes". Sí, es cierto, tienen presencia y semánticamente son una bomba. En lo auditivo, posiblemente por estar bien acentuadas (está en proceso un post sobre esto, las palabras con acentos perfectos), pero a su vez son palabras tan negativas y exclusivas de otra áreas, que no dan para nombres de nada, menos para algo relacionado a la alegría. Algo así como que un shopping, por ejemplo, se llame tumor, amputación, incendio, explotación, cianuro... Aunque de un shopping es más esperable que de un boliche.

Bienvenido todo aporte que alumbre este post con una explicación que me falta para salir un poco de mi asombro, que abra mi entendedera. 

Etiquetas:

viernes 3 de febrero de 2012

Pronto


Muy pronto: Berlín. 

Hacen varios grados bajo cero más que años anteriores (suena raro: más menos grados...). 
Que no hay tapado ni botas que aguanten, así dicen... Veremos mañana. En realidad, lo verá mi cuerpo, asado en estos momentos de humedad extrema en Buenos Aires. ¿Se lo imaginan las células? 

Tuiiiiiii y chuiiiiii, dos sensaciones bien tucumanas con muy pocas horas de diferencia.  




Etiquetas: , ,

miércoles 1 de febrero de 2012

Magia y nubes


Están siendo días intensos de trabajo, y en la inocencia de Poli, que tiene ocho años, encuentro mucha paz. También son días de magia, la de los magos. Desde hace semanas este tema ronda mi mente para el desarrollo de la comunicación de un cliente. Adoro la magia y me encanta poder usarla para transmitir mensajes. No, no estoy haciendo cursos de magia, sino trabajando con un mago muy profesional. Es fascinante y divertido, y de paso aprendo algunos truquitos.

Hoy practicábamos con Poli uno de unas cartas que ayudan a leer el pensamiento de otra persona, como un número que esté pensando. En un momento, ella se queda mirándome y me dice: "Mar, ¿existen trucos de magia sin magia? ¿trucos de magia que sean de verdad?".

Esta inocencia tan pura es la que me da paz. Como ayer, mientras viajaba en un avión que fue el que más se movió de todos los que pasé en mi vida, y una chiquita que venía a mi lado, muy tranquila mientras yo quería llorar del terror, me preguntó mirando hacia la ventana: "¿A vos te gustaría llevarle un pedazo de nube de regalo a una persona que se quedó cuidando tu mascota mientras vos estabas de vacaciones? A mí sí". Su comentario tan lleno de amor ahuyentó por un momento bastante largo mi pánico. Entonces le pregunté si ella tenía una mascota y me respondió que sí, una perrita, que su abuela se la estaba cuidando y que ella quería llevarle un regalo y que la nube era algo lindo. Y pensar que yo las estaba detestando...


jueves 19 de enero de 2012

Puaajjj!


Al margen del calor que hace en Buenos Aires, no quiero S.O.P.A.







Etiquetas: , , ,

martes 17 de enero de 2012

Remar


Conversación con Val por el messenger del teléfono sobre dos temas candentes (lo digo por calientes en el sentido más literal de la palabra): el calor de estos días y remar (remar la vida). Una charla breve; no me gustan los chats, sólo para cosas breves, con personas a las que tampoco les gusta chatear, con las que saben hacerlo (ergo: escribir una misma consulta en un solo mensaje, a menos que sea eternísimo y de vida o muerte, pero eso de partir un ¿a dónde salimos? en tres mensajes me agota) y para cuestiones de familia o de trabajo (ya lo sabrán mis amigas/os que suelen no bancarme por todo esto). Mi escala de preferencias vinculadas a la comunicación telefónica o cibernética se organiza así: llamada en un 70%, e-mail en un 20%, mensaje de texto y chat en un 5%. Más o menos así son los valores dependiendo de cuán efectiva sea la comunicación, muy por el contrario de lo que debería elegir una nativa de la hoy tan mencionada generación Y.

Pero volviendo a la conversación por chat, que la del calor no era el lugar común para cuando no hay temas porque muchos conocidos necesitan que llueva urgente y Val que no se derritan sus hijos, sí nos reímos mucho con la de remar, esta expresión de "remarla" (palabra que entra dentro de las que yo llamo homónimos hípersensibles). Después de hablar de situaciones que significaban que estamos "remando" concluimos que remar es mucho más fácil que todas las situaciones complicadas! De hecho, me acuerdo que cuando tuve que remar un bote en Tenerife, con un mar semi bravo, no sentí que era un problema. O pienso en María Laura, que adora ir a remar.

Mamoy suele usar una expresión que es más dramática: remar en arenas movedizas. Será que el misterio de las arenas movedizas siempre me gustó e intrigó, que imaginar a alguien remando en ellas sí que me suena desopilante. Movedizas, en la antigüedad, significaba que algo tenía vida. ¡Buuuuuuu!

          

Etiquetas: , ,

lunes 16 de enero de 2012

Descripción precisa


Esto es lo que yo llamo una descripción precisa:

"Su rostro menudo, tan perfectamente ovalado por las sombras circundantes y por la disposición de sus cabellos peinados hacia atrás, poseía unas facciones regulares y monótonas, de expresión inocente, sin edad. Sus ojos, su nariz, su boca, su piel, parecían haberse trazado a propósito para cumplir las mínimas exigencias de lo posible. Su boca, por ejemplo, no era más de lo que sugería la palabra: una hendidura móvil, con labios, debajo de la  nariz."

Fragmento de la novela "El placer del viajero", de Ian McEwan 

Etiquetas: ,

jueves 12 de enero de 2012

Carta papel


Hoy escribí una carta sobre papel, a mano, con lapicera de tinta linda, y me costó bastante. No tanto porque iba dirigida a una persona muy querida ni esas cosas de los sentimientos y las ideas volcadas de la cabeza al papel, sino por el hecho del abrumador peso que siento cada vez que escribo a mano cartas más personales o íntimas. Así que para estos casos prefiero el e-mail mil veces porque borrar y re redactar es facilísimo y no gasto libretas. No amo ni extraño la época de las epístolas en sobre.

Si no fuera porque con justa razón la chica del correo me apuraba en silencio a que la terminara y porque necesitaba llegar al banco después, sé que me iba a pasar lo mismo que con la última carta papel que escribí a puño y letra, a mediados de 2008: la hice 26 veces y sólo decía la palabra "smile" de forma repetida a lo largo de una carilla. En realidad, fueron 27 cartas porque cuando llegué a la versión que creí insuperable (debo de haber estado podrida y ciega) quise tener una igual para mí, de recueeeerdo, pero como había roto las 25 anteriores tuve que hacer otra... Sí, lo juro. Fueron 25 bollos de papel (escritos la mayoría hasta el final) y un cartucho de lapicera de las buenas directo al tacho de basura del estudio. Y mi cabeza, obviamente, al freezer. Creo que Camilo está de testigo, si no sólo Dios sabe lo que me llevó esa A4 que sólo podría haber dicho un gran "smile" y listo, pero no, yo quería (y seguramente seguiría queriendo) darle todo un sentido incluso estético ni que yo fuera Miguel Ángel y ese papel, El David.

Esta obsesión crónica suele ser como un queso camembert: no tiene límites. Necesita de más rigor que el que le aplico, incluso de un tutor malo que la encierre fuera de mí para que yo tenga un poco más de paz, porque al final de cuentas la obsesión que más me molesta sentir es la que se va en estas cosas que no requieren de mucho más ojo, están bien de entrada, o casi bien, no son cuestiones de trabajo ni de clientes en las que ahí sí dejo los ojos sobre la mesa y me voy a dormir, y así y todo los errores pueden suceder, claro. Por ser obsesiva no estoy exenta y eso en un tiempo me generaba contradicciones. Una noche, hace años, me quedé sola en la oficina del primer diario en el que trabajé revisando un texto que ya tenía el visto bueno del editor general y que estaba bien. Al irme a mi casa a las mil quinientas, entendí que no tiene nada que ver una cosa con la otra: la obsesión es una deformación, mientras que la capacidad, el talento o la creatividad son dones divinos que te tocaron o no, o que pueden ejercitarse, pero el humano es limitado, y unos más que otros por más obsesivos o relajados que sean. Algo así como poco de cielo y mucho de infierno durmiendo en una cama single en pleno verano sin aire acondicionado bajo un techo de chapa, o mucho de cielo y mínima dosis de infierno (que podría ser hasta un sol) descansando en una playa de Cabo Santa María. En el medio, una millonada de variantes.  

Entonces, esto de las cartas más personales escritas a mano con lápiz o lapicera me hizo pensar que necesito un buen parate para cuando, por ejemplo, escribo cartas personales a mano con lápiz o lapicera, miro varias veces la fecha de vencimiento de la comida en el supermercado, lavo tomates y duraznos, condimento una comida que es para otro, cuento las baldosas al caminar y si piso la línea siento que perdí, cuento los billetes que llevo en la cartera (encima nunca sé cuánto tengo), alineo un cuadro, me olvidé de cortar todas las etiquetas internas, y a veces hasta externas, de la ropa que llevo puesta...

Lejos de parecerme una virtud esto de la obsesión, por lo general me da bronca porque me quita tiempo y energía: los dos recursos más valiosos de los que dispongo a mi antojo. Porque con la obsesión este antojo se vuelve infinito y las más de las veces termina por empacharme de falta de sueño y comida en horarios prudenciales, por ejemplo.

La carta papel de hoy, contaba, costó pero no me llevó tanto. La hice tres veces nada más, aunque era de dos páginas y decía un poco más que "smile" (si bien la idea no varió de una carta a la otra y las tres que hice decían lo mismo, casi casi con las mismas palabras), así que me siento un poco mejor que en 2008. En lugar de hacer una cuarta, le saqué foto a la que mandé, jojo. De verdad que aquella vez de las 27 me preocupé mucho al meditar por la noche la idiotez que había hecho en la mañana. Tal vez Camilo se acuerda, y mirá si fueron más cartas las que hice...

sábado 7 de enero de 2012

Transitorio permanente



Basta que mi mamá diga "esto es transitorio" para que mi hermano Ayo la corrija: "transitorio permanente". Por ejemplo, un objeto o un cuadro que ella reemplaza por otro pero que no es el indicado porque queda feo, o es feo, o porque no calza, pero como funciona, o zafa, ahí va. Y ahí se queda porque nunca más mi mamá lo cambia, nunca llega el nuevo ni el anhelado objeto ni el que debería ir. Ya lo dije varias veces, Ayo es clínico con sus observaciones y definiciones.


Anoche mi mamá me pidió que la ayudara "a pensar" (este pedido es muy de ella en cuanto a que le demos ideas) en una mesa nueva para el televisor del lugar de estar de mi casa en Tucumán. Pensé y pensamos varios diseños y quedamos en que hoy sábado iríamos a comprar una mesa de tales y tales características. Cuando amanecí ella ya había encontrado una "solución transitoria", me aclaró. Fui a ver y había cambiado la mesa en la que estaba el aparato por una que estaba en la galería, que no era ni a mil kilómetros la pensada, que zafa (porque es una mesa al fin) y que ahora ella hasta la ve perfecta. Será transitoria, pero también permanente.





Nota: Cuando le dije a mi mamá que, definitivamente, había llegado el momento de escribir este post y saqué la foto, ella la miró y me dijo: "¿Ves? Está bárbara, ahora la gente la va a ver y va a decir qué linda la mesa nueva".


Nota 2: Me escribe ayer Ayo desde PDE: "Te cuento que ese televisor era supuestamente transitorio hasta tanto eligiera un LCD para colgar en la pared; ahora que tiene mesita perfecta no lo mueve nadie".

Etiquetas: ,

lunes 2 de enero de 2012

Saludo 2012






A la imagen la tomé en una ruta de Tánger, Marruecos, en junio de 2011.



viernes 23 de diciembre de 2011

Confiar




Haciendo clic sobre la imagen se agranda.



domingo 18 de diciembre de 2011

Edad y reclamos



Conversación con mis sobrinos:

- Fer, ¿vos tenés cinco años?
- ¡No! Tengo cuatro. Antes tenía tres, antes dos y antes uno...

En el medio, interviene Poli, de 8, mientras la peina a Pato, mi tía:

- Muy mal, Mar, que no sabe la edad de sus sobrinos.
- Sí, si la sé.
- A ver, ¿cuántos años tiene Roni?
- Trece.
- No, catorce.
- No, tiene trece, a los catorce los cumple en febrero.
- Ah, bueno, pero ya no falta nada, ya tiene más catorce que trece.

Vuelve Fer a la charla, que lo tengo sentado sobre mis piernas:

- Mar, vos nos has venido a mi cumpleaños, por eso no sabés mi edad.
- ¡Sí he venido!
- No, era el cumpleaños de Poli y mi mamá me hacía con ella mi fiesta.
-Uhh, ustedes son muy exigentes.
- Mar, ¿puede ser esta tu casa (por la de Tucumán) y no la de Buenos Aires?

Etiquetas:

lunes 12 de diciembre de 2011

Diferente


Me cuenta mi hermano una anécdota genial: una amiga de él dice que cuando su marido le dice "estás diferente" es porque seguro la ve más gorda. Si no, si la ve flaca, le dice, "qué bien te queda esa ropa".

Etiquetas:

martes 6 de diciembre de 2011

Calmo, sonoro y de fuego





Esta noche estamos de fiesta: mi hermano Ayo presenta su primer libro de poemas en Tucumán. Estoy muy feliz, conmovida. Desde hace días repaso uno de los ejemplares, lo toco, lo huelo, miro el lomo, está muy lindo, redondito y sólido. Al diseño lo hizo mi hermana Pali y Agu me regaló que le escribiera el prólogo.

Anoche, tipo dos de la mañana mientras trabajaba, elegí este poema:


Recordando

Tu recuerdo fue puntual, siempre lo es.
Llegó callado y se acomodó a los pies de mi cama
tal como lo hacen los clientes en los bares
y las palomas en las columnas de las iglesias.

Tu recuerdo fue puntual, siempre lo es.
Incluso esta noche que llega desde tan lejos.
Me encontró escribiendo
sin por qué, sin para quién.

Y tu recuerdo me mira sin decirme nada.
Hoy me es indiferente
pero hay noches en las que no lo soporto;
en otras, me dibuja sonrisas entre bostezo y bostezo.

Me intriga si finalmente,
cansado de su rutina,
tu recuerdo dejará de frecuentarme.
Que si esa noche llega
sea porque vos estás a mi lado.


Etiquetas:

domingo 4 de diciembre de 2011

El cuento como un viaje



“Yo voy armando un viaje imaginario, que a veces ha llegado a durar hasta dos horas. Tengo que dibujar en el aire, con palabras, lo que quiero que la gente vea, armar todo de tal manera que no decaiga nunca la expectativa entre un cuento y otro. El cuento es como un viaje. Si el viaje no es entretenido, el pueblo queda lejos”.


Luis Landriscina, cuentista y humorista argentino.


Etiquetas: , , ,

martes 15 de noviembre de 2011

Jueguito




Una propuesta para jugar: pensar en una persona, o en todas las que tengan ganas, e ir imaginando el verbo que iría en el medio de la frase según lo que le querrían decir.

Si quieren pueden usar el blog para descargarse, sin tener que dar nombres, sólo verbos.

(Perdón que esté en inglés, pero así encontré esta imagen).

Etiquetas: ,

domingo 13 de noviembre de 2011

Día de los enfermos



Hoy pienso en E. y me concentro en pedir que nadie sufra lo que él. Que se enfermó sin que nadie de los suyos lo supiera y lo tuvo que sobrellevar en silencio, lejos, a escondidas y abandonado por quien debería haberse quedado a su lado porque se amaban, ¿no?

Por aquellos años ser así era el peor de los tabúes y de los pecados; la emigración y el desarraigo eran el camino para ser un poco, sólo un poco, más libre. Porque una enfermedad tan tirana e inmortal te encarcela estés donde estés. Aunque mucho más te entierra la orfandad de tu corazón.

Tuvo que morir muy joven, sin un tratamiento digno, no tanto por la falta de medicamentos o tratamientos modernos contra el sida, sino por la soledad en la que también lo sumieron quienes eran su familia al no entenderlo. Incluso hasta el día de hoy, cuando ya pasaron tantos años desde que no está y la negación se fortifica cuando a alguno de ellos lo escucho decir frases como "el fulano es un maricón"... ¿Acaso tu hermano no lo era?

Hacía tiempo no escuchaba The last song, de Elton John, y hoy al pensar en E. se me vino a la mente de inmediato, como nunca antes pese a pensar en él seguido. Recuerdo su inmensa generosidad, las encomiendas que llegaban con cosas divertidísimas, las gomitas de borrar con formita y olor por las que me volví coleccionista, el cariño que demostraba pese a vernos poco la cara, su buen gusto, el profundo sentido de la estética que tenía, el exquisito perfume que destilaba, mis ganas de visitarlo algún día... Pensar que voy y vengo bastante seguido a varios lugares, pero aún no fui al país en donde E., imagino, fue un poco más feliz. Desde hace tiempo, cada año digo que este destino es mi gran pendiente y mucho, o todo, tiene que ver con esta historia.

Que descanses, pero ya nunca más en soledad.




Etiquetas: , ,

Августин



Volvía arrastrando una valija que debía de pesar unos cuarenta kilos. De esas negras grandes, las más grandes, que a mí me llegan a la cintura y mido 1,70. Entonces yo volvía al hotel después del cierre de una exposición en Moscú y, como el hotel queda muy cerca de donde se hace esta exposición preferí no tomar taxi y caminar, necesitaba aire aunque implicaba ir tirando del maletón. Me agoté a los pocos metros de empezar a caminar. Estaba sola, mis clientes se habían ido antes y las personas en Moscú, mucho más los hombres, son muy poco amables como para ofrecerte algo de ayuda aunque vean que no das más. Así que las tres cuadras asfaltadas en línea recta hacia el hotel se transformaron en kilómetros de arena, lomadas, ventoleras, monstruos y huracanes.

Llegué al hotel sin energías, maldiciendo la idea de no haber tomado un taxi, maldiciendo el no haber dejado abandonada la valijota y cuidar más de mi espalda y brazos, maldiciendo que llevaba unas botas nuevas y a una la había rayado un poquito con una rueda de la valija, maldiciendo cada una de las hojitas que se caían de los árboles en miras al otoño y que me rozaban la cara antes de llegar al suelo, maldiciendo que las cuadras en Moscú son tan largas y solitarias, maldiciendo el tiempo que estaba perdiendo. Maldiciendo varias estupideces de mujer cansada que quiere ser de nuevo una chiquita, que tiene hambre y sueño, pero, por sobre todo, que extraña la ayuda de gente cercana especialmente, aunque crea que lo puede todo.

Llegué al hotel, pedí un pulmotor, y también ayuda a uno de los botones para que me llevara la tonelada maldita a mi habitación. Pero, hombre ruso al fin, el botón se bufó disimuladamente y llamó a otro botón, que yo no veía, para que se hiciera cargo del muerto. Entonces apareció un hombre muy negro que me sonrió y sin siquiera preguntarme nada se hizo cargo de la situación con una dignidad, fuerza y actitud que pisotearon como debía ser a todo lo que yo había venido maldiciendo. Y me cambió el humor.

Este hotel es tan grande que teníamos un trecho considerable hasta llegar a mi cuarto, construido hacía muy poco en una nueva torre por eso no había ascensor que nos acercara desde la recepción. Así que caminamos juntos, primero en silencio. Hasta que le pregunté de dónde era. Me dijo que de Kenya. Y él me preguntó mi edad. Y yo le dije que 30. Yo le pregunté la suya. Y él me dijo 28. Con todo el respeto, y pidiéndome disculpas de antemano, me dijo que siempre imaginó que a los 28 se casaría con una mujer de 30. Y ambos nos reímos. Le pregunté por qué estaba en Moscú. Me dijo que estaba terminando su carrera de medicina. Le pregunté la especialidad. Me dijo que ginecología. Cuando subimos a un ascensor, le pregunté si extrañaba su país. Y me dijo que muchísimo, que contaba los días que le faltaban para volver (un año), que Moscú es muy difícil por la falta de calidez de la gente y porque es caro, pero que necesita su título universitario así que le viene muy bien el trabajo en el hotel, que quiere volver rápido para ejercer la medicina allá porque su país necesita muchos médicos, especialmente ginecólogos porque son muchas las mujeres y los niños que mueren en el parto. También me dijo que allá, en Kenya, lo esperan su papá y su hermano. ¿Y tu mamá?, le pregunté. Con la mirada muy fija en la puerta metálica del ascensor me contó que ella había muerto cuando él era muy bebé. "La asesinaron, nunca llegué a conocerla, pero todos los días pienso en ella y trato de imaginar cómo sería". ¿Quién la mató?, le dije yo. "No lo sabemos, nunca pudimos averiguarlo, pero creemos que fue otra mujer enamorada de mi padre. A mi madre le cortaron la cabeza". Me dijo, ahora con la voz un poco más ronca y la cabeza hacia arriba, como si esta fuera la forma para que las lágrimas no se salieran de sus ojos. "Moscú es difícil, pero en Kenya pasan cosas terribles y sin explicación", me dijo justo cuando el ascensor llegaba a mi piso.

Caminamos en silencio hasta la puerta de mi habitación, él tirando de los mil kilos con toda la compostura y yo temblando por sus confesiones. En ese momento caí en la cuenta de que no tenía la llave para entrar. Y le pedí mil disculpas por todo el trajín al vicio que lo había hecho hacer, que no importaba y que dejara la valija ahí mientras yo iba a la recepción (en la otra punta del mundo) a buscar una nueva llave, que lo liberaba de tener que seguir cargando, que ya me hacía cargo yo. "Señorita, usted está muy cansada y este no es un problema. Puedo ir yo a buscar una llave o esperarla aquí para no dejar su valija sola. Esto no es un problema". Cuánta razón y yo hacía instantes pensando en la rayita de la bota... Me di la vuelta y corrí a buscar una llave. Cuando volví él estaba ahí junto a mi valija. Ángel de mi guarda en este país que tiene un cielo enorme, pero al parecer despoblado.

Me pidió permiso para entrar al cuarto y dejar la pesadilla sobre un catre. Yo le pedí que me esperara unos segundos, busqué propina en mi cartera y ya no aguantaba las lágrimas. Cuando se la entregué no quiso recibirla, me dijo que era su trabajo, yo insistí. Y justo miré en el bolsillo de su saco azul y vi su nombre en ruso: Августин. ¿Perdón, cómo te llamás? "Agustín", me dijo. Le agradecí enormemente toda su ayuda y le dije que rezaría para que pronto volviera a casa. Nos estrechamos las manos y se fue.

Yo me senté sobre mi cama y lloré. Lloré sin interrupción cerca de una hora. Era lo mejor que podía hacer.


Nota: Agustín no es un nombre común en África, menos en Moscú. Así se llama mi hermano Ayo. También mi papá.


Etiquetas: , , , ,

sábado 12 de noviembre de 2011

Realista y optimista





Hoy encontré esta comparación en el sitio de Facebook This is it, un espacio que últimamente me inspira muchísimo porque tiene cosas geniales, especialmente las comparaciones de fotos con dibujos animados, por ejemplo. También frases muy acertadas y que no había visto antes. Hay mucho de alta moda, editoriales difíciles de encontrar, un buen archivo de fotos de todo tipo, mucho diseño... Se los recomiendo.

Volviendo a la comparación entre los dos corazones y las palabras realista y optimista, siempre me pregunté por qué se tiende a confrontar y a volver antónimos a estas dos palabras o conceptos, cuando en realidad son perfectamente compatibles. Ser o intentar ser ambas cosas está muy bueno; qué lindo. Y qué oscuro y perfeccionista se suele interpretar al ser humano realista, como si no fuera un ser humano, como si el adjetivo fuera sólo para serios, para cráneos, para gente sin sangre corriendo por las venas, para calculadores y obtusos. Y, a la inversa, la percepción de optimista: colorido, simple, con plasticidad, aniñado, personas que no son enrolladas, que confían en lo intangible aunque los números no cierren, incluso algo tontulas, sin los pies en la tierra, voladas, poco previsibles, demasiado relajas, negadoras de lo que pasa...

Una parte interesante de este ejemplo, además, es que si bien son adjetivos que califican a los dibujos en cuestión (o que pueden hacer imaginar a la figura de un científico en el primer caso y de un humanista en el segundo, por ejemplo), estas dos palabras solas también pueden funcionar como sustantivos.

Ayer, justamente, la realidad me puso en mi sitio, como diría Federico. Tuve de un médico una respuesta optimista (como el corazón de la imagen) frente a inquietudes realistas mías, que soy humanista. Es decir, las figuras invertidas, aunque de acuerdo al fin. Pienso que, quizás, este médico es, pese a su disimulada necesidad de certezas y exactitudes, un humanista y yo, tan llena de fe y pajaritos de mil colores, una aspirante a laboratorio de matemática cuántica.

De lo que no tengo dudas es de que mi lengua me enamora cada vez más con su capacidad de adaptación y de relatividad, de sorprenderme cuando lo que ando buscando son pistas, entre otros recursos, para interpretar (de forma positiva y realista) lo que anda pasando en la vida.


Etiquetas: , ,

martes 8 de noviembre de 2011

M y M


Todavía falta para su aniversario así que este no es un homenaje. En febrero de 2012 van a hacer 15 años que Martín murió, o sea que para esa fecha ya hubiese cumplido 30, como yo. Muchas veces pienso a qué se hubiese dedicado. Creo que a algún deporte, porque era muy bueno en todo, especialmente en el fútbol.

Estuve enamorada de Martín toda la primaria, hasta los doce años más o menos. Perdidamente enamorada. Año tras año. Y fue un amor, pero inmaduro al fin, que creo que hizo que no fuéramos tan amigos, aunque sí compinches. En los torneos de paddle que organizábamos con el resto de los amigos, cada fin de semana de verano, éramos siempre pareja y la ganadora. Teníamos la misma bicicleta (Trek 820 azul y negra, furor por aquellas épocas), fuimos al mismo colegio y a la misma división desde jardín de infantes, nuestros hermanos eran y son mejores amigos, ambos nos comíamos las uñas, nos llamábamos igual...

Y durante todos esos años, me la pasé haciendo cartelitos de mil diseños con la leyenda M y M. Tallando con trincheta estas letras sobre los bancos del colegio sin importarme que la dueña del colegio sea mi mamá, escribiendo M y M con marcadores entre los ladrillos de las paredes "del campito" y llenando varios diarios íntimos que un día estúpido, al leerlos, me dieron mucha vergüenza así que los quemé en el baldío de al lado de mi casa. Me sentía impura por querer a alguien. Y será que después fue tal el arrepentimiento que es el día de hoy que motivo a mis sobrinas a escribir diarios íntimos y llenarlos de corazones, aunque sólo Valu me haga caso (se haga caso) y Roni me mire con cara de póker y de sos un quemo absoluto.

Hace unos días, hablamos mucho de Martín con Sofita, una compañera y muy amiga del colegio. Nos acordamos de tantas anécdotas y del nefasto día en que nos avisaron de su repentina muerte, porque fue de un segundo al otro y sin ningún antecedente: se le escapó volando el corazón. Teníamos 15 años y la muerte era para los viejos. Sofita me contó que al enterarse pegó una piña en la pared y yo le conté que estrellé el teléfono inalámbrico, también contra la pared. Le dije que lo sueño bastante seguido, que nunca dejé de verlo ni de hablar con él en sueños, y que especialmente se me aparece en un sueño repetitivo que tengo y que se trata de un examen que estamos rindiendo en la secundaria y que es muy difícil, época en la que ya éramos amigos de verdad. Ella me dijo que no lo sueña, pero que sí lo llora mucho y de día.

Lo último que escribí sobre Martín fue en un cuaderno la tarde que volvimos de su entierro. Y una de las frases que me acuerdo de eso que escribí es: "Yo no quería que te murieras". Porque lo cierto es que al enterarme de que había muerto sentí mucha culpa: habían sido miles las veces que había imaginado con lujo de detalle su muerte y cómo sería el mundo después.

Hace unos días, a unas cuadras de la oficina a la que dejaré de ir la semana que viene, descubrí sobre una vereda, por la que paso desde hace más de un año, un M y M igualito a los que tantas veces hice.

Imposible no acordarme de todo, imposible no rezarle de inmediato una oración, imposible no quedarme unos minutos mirando fijo al suelo como si fuera el cielo, imposible no reconocer cuál sería su M y cuál sería la mía, imposible no tomarle una foto a la estampa de hormigón, imposible no pedirle a Martín para que cuide de mi amor y de la felicidad que vive hoy en mí, imposible no escribir este post.




Etiquetas: ,